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G. C. Manuel
G. C. Manuel
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POEMAS

Agualuz



Como se precipita el eco sacándote pianos
de las rodillas,
roja, como un torniquete para tus ojos
desangrándose en el charco de la noche,
tu lenta disciplina de sonrisas nubladas,
tu mano que busca en un falso bolsillo
un grito que guardaste para el mejor momento.

Adelgazado instante,
tiemblan las horas entre recetarios negros.
toda tú te resumes en tus ojos,
y en el agua que dormita en tus párpados.

Eres esa luz que humedece mis murmullos,
tus ojos son dos llaves por donde el mundo  
brota exacto y limpio de sus viejas cicatrices.



La oración del gato


El gato se deshace
en el aliento vaporoso de la taza de té.
Medio día hirviendo
más allá de la descerebrada madeja
que se recita en mitad de la semana.
Puéblase a esta hora el sinsabor del sinsonte,
desprevenida la ciudad de los estragos
de un funesto meteoro.

El cadáver exacto es un centauro que bosteza.

Hay mucho olor a quizás, mas prevenir
no es ciencia que invente cinismos.

La última gota de incertidumbre
se lleva el dominio de la estampa
donde la Dama hace cuenta de sus trenzas
mientras el gato insiste en volverse burbuja.
Aquella Dama que puso la borla de un suspiro
sobre el eco del ocaso,
galopando al lomo de sus labios
por la llanura de un quejido,
asesinó al desierto con una lluvia de sonrisas,
empapada de maravillas de la cabeza a los pies.
La casa no resiste el vago vuelo del aliento.
Al traspasar el cristal, la mirada
retorna vacía a sus cavernas.

Ella deambula, fantástica en su apariencia
de baraja inválida.
dice el candelabro que hay que amar
sus ojos sin dueño,
esa piel que su luz no se atreve acariciar.







After midnight



En este patíbulo habrá de salvarse tu sueño.

Ahogada en el océano de la vida,
tiendes tus manos
hasta tocar el otro extremo del mundo.
Lo que has dado a cambio de otro minuto
sólo podría contarlo la mujer que en sus ojos
clavó las más hermosas esmeraldas.

En esta noche de oleajes interiores,
cegada estás por el verde, ya no ves tus ojos.
Hay fuego cerca de ti, puedes oler el mar elemental
bullendo por debajo de cada cosa.

Estás desnudando una danza
capaz de hacer brotar el vino por tus poros.
Puede que el alba esté aún acostada
en algún sofá de la sala,
exhausta de amor y borracha
de los senos para abajo.
Dispuesta a desdomesticarte,
esta noche has salvado a la distancia
de sus rejas de palabras.
La melodía que es vivir de este lado de las sombras,
rescata para ti una penumbra distinta.

Donde renace tu brillo,
a parir te convoca la noche
sobre espejos dormidos.






Lección del crepúsculo


El Ujier de vestido oblongo y ajedrezado,
arlequín casi robótico en un palacio
de circuitos cortos, pero eficaces,
diagnostica las presencias que han venido
a visitar este sol moribundo que alucina
en su lecho.
-Veo que se acerca -dice el Ujier-,
el perdido paso de la MujerLámpara,
incapaz de quitarse su luz de encima
por miedo a ser vista en su desnuda altura;
veo a los Centinelas de la Lluvia
con sus Almas como paraguas
dobladas bajo el brazo;
veo a los Embajadores de la Mañana
envueltos en sus sobretodos cortados por el Azar.

El Ujier levanta murallas de vidrio
entre lo Antiguo y lo Imposible.
Un crucifijo de hormigas pierde la voz y ahuyéntase
cuando el crepúsculo
pone a vibrar el campanario del cocotero.
Los escrúpulos del crepúsculo
pesan sus frustraciones en la balanza de la noche.
No ha de faltar esta vez
una lección que sublimice la proeza del Ujier.
Acaso pueda el ocaso
poner un punto a la oración de la tarde.








El más allá de las palabras



Sólo es necesario lo imposible:
el único más allá que existe está fuera del lenguaje.

Una vez puesta en marcha la máquina de la Inactividad,
pasemos a otra cosa.

Ya que hablar es un riesgo infame,
un día deberemos escapar del lenguaje.

Hay que vivir el más allá, rehacer el ser otra vez.

El único nombre que cuenta nombra aquello que no existe.

Ya que la libertad es un asunto de amos,
pasemos a otra cosa:
la más alta libertad es el olvido de la Libertad.

Hay que pensar el más allá, pensar más allá del pensamiento.

El revés de las palabras no es el silencio,
sino un río en el que ya no corre ningún río.

Haz de suerte que las cosas se digan a sí mismas.

Un día querrás ver al mundo detrás de la cortina de las palabras:
no verás más que tu propio miedo vagando por las calles.

Toma tu coraje y tu miedo por los cabellos y rebásalos.

Sólo es horrible lo impensable.







Polvo de proyección


Palpo este papel con mis ojos, y lo que miro
me habla: «Asco de calor, calor menstrual y poético.
Adjetivoabanico, contigo iré
del poema heroico, al sexo pirotécnico.»

En vano me devano la lengua,
besándote sin encontrar mis sílabas en tu saliva.
Por eso ya no busco vitaminas en tu boca,
sino tu sabia bruta y viva, es decir,
naturalezas muertas.

Al besarte me proyecto en lo que escribiría
si no fueras para mí un papel sin novedades.
Hazme sentir que es cierto que la aurora desayuna
en tu cuerpo hecho al paso para vivir a toda prisa.

Lo que del polvo viene, tarde o temprano, a otro polvo regresa.

Me gustas, sobre todo, cuando no eres tú quien me besa,
sino la noche,
sin esa diáfana marea que sube y baja por tus ojos.

Te contemplo con pavor, pero algo me deprime:
Sólo deja mis despojos, por favor,
cuando tu beso termine.
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