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Ediciones El Salvaje Refinado     |   home
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HECTOR MELENDEZ
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HECTOR MELENDEZ
POEMAS
El amor tiene final


     El aire frío
     recorre tu espalda.

     El amor prepara
     su dolor inmenso.

     Tus ojos buscan
     la humedad en la trixteza,
     sin poder talar pretestos,
     para el consuelo.
     Sin buscar las máscaras
     de las víctimas nocturnas.

     Mataste al amor.
     Y hoy nos toca
     sufrir
     a
     los
     dos.    (Sí, dice trixteza)



  Entrega


     Seré romántico,
     tierno.

     Enojón,
     mas no violento.

     Bueno,
     también malo.

     Seré una combinación extraña
     de lo que me ha desenseñado la vida.

     También simple
     como una gota en la lluvia.

     Seré tantas cosas,
     nunca eterno.

     Puedo darte todo,
     excepto
     mis
     alas.



Pretextos

     El papel se acaba.
     La luz se desliza hacia afuera,
     por debajo de la puerta.
     La mano tiembla,
     y no soy capaz
     de escribir tu nombre.

     ¿Será tan solo,
     que no lo recuerdo?

Pecado

     Caminas por mis ruidos,
     y te desvaneces cuando termina la lluvia.
     Cuando crees que huyes,
     y el deseo te atrapa.

     Sonríes,
     te das cuenta
     que caes en tu propio juego.
     Tu labios tan llenos de mis besos.

     El sabor a sexo
     se desliza por tus piernas,
     después de este amor oscuro.
     Tu recuerdo llena mi estancia,
     y una dulce calma
     adormece mi mente.

     Sigues a mi lado,
     aún cuando corres a tus deberes.
     Me habla tu silencio,
     mientras recupero mi conciencia.

     Imagino tu larga cabellera salvaje
     color de noche,
     caracoleando ideas invertidas,
     tratando de ser sometidas
     por 500 y 800 años de Conquistas repetidas
     (y todas sus amoralidades, esquivas)




Espero tu mirada, tu voz


     Eres como las flores que no he enviado:
     Bella y lejana,      esperada.

     En tu mirada se dibujan lágrimas.
     Un dolor de antaño. Casi olvidado.
     Acostumbrado.

     Tu sonrisa envuelve
     como al otoño las hojas.
     Tus sueños que nunca alcanzas,
     ahí, donde tu beso se detiene.
     Donde bebes mis ansias,
     y tu sed se apaga,
     por medio instante.

     Así,
     con la tristeza arrastrando
     tus viejos ideales,
     la realidad se pinta ceniza,
     mientras yo sigo escondido,
     en lo mas profundo de tu torcida mente
     (esperando que lo sepas, ¿Antes de qué?)